Cómo disfrutar del yoga si tienes menos flexibilidad que un Playmobil

“Vamos a empezar la clase de hoy. Poneos cómodos”, dice el monitor de yoga, y todo el mundo se sienta con las piernas cruzadas en la postura de la flor de loto como si nada.

Empiezas a gruñir y a suspirar en un intento de imitar a tus compañeros, pero tus articulaciones han hecho tope y sientes que te vas a romper si empujas un poco más. No parece el escenario ideal para relajarte.

No poder hacer las posturas más básicas del yoga puede desanimarte, aunque sí que sepas hacer otras posturas. Lo digo por experiencia, porque desde niña me ha costado encajar una pierna debajo de la otra, y la edad no ayuda.

No obstante, me complace decir que ahora sí que disfruto del yoga, y todo gracias al confinamiento del año pasado. Mientras que antes me daba vergüenza asistir a clases de yoga, la modalidad online me ha permitido adaptarme a base de ensayo y error hasta lograr aprovechar los beneficios del yoga para la salud mental y mejorar mi flexibilidad poco a poco en el proceso.

Si tú tampoco destacas precisamente por tu flexibilidad, hay formas de mejorar. ¿Te interesa? Presta atención.

¿Por qué no puedo sentarme con las piernas cruzadas?

La respuesta más sencilla es que cada uno es diferente. Algunas personas adoptan esa postura desde bebés al sentarse y otras se sientan en W (el culo apoyado en el suelo y las piernas rotadas hacia fuera, una a cada lado). Sentarse en W de vez en cuando no supone ningún problema, pero en ratos largos puede desencadenar problemas de espalda y de movilidad de cadera en el futuro, de modo que es recomendable que los padres lo corrijan si ven a sus hijos pequeños así.

Sin embargo, la fisiología individual y los hábitos desde la infancia son solo una parte del rompecabezas. Un estilo de vida sedentario también condiciona tu flexibilidad, explica la monitora de yoga Rachel Allen.

“Sentarse de forma prolongada (más de 30 minutos) en una silla no es lo mejor para el diseño fisiológico de las personas y provoca tirantez y falta de flexibilidad al limitar el rango de recorrido de las articulaciones de las rodillas y la cadera”, explica. “Por ejemplo, si te cuesta sentarte en el suelo con las piernas cruzadas probablemente se deba a esa tirantez en la cadera y las rodillas”.

Lo bueno es que la tensión muscular se debe al estilo de vida de las personas, así que se puede revertir con estiramientos y más actividad física.

Ejercicios para adaptarte a la postura de la flor de loto

Lo más importante es reducir las horas que pasas sentado en una silla. Si no puedes, al menos levántate y camina cada 20 o 30 minutos y ve cambiando de postura en la propia silla.

“Para estirar la articulación de la cadera me gusta la postura de la mariposa (Baddha Konasana)”, añade. “Para hacerla, junta las plantas de los pies con las rodillas extendidas hacia fuera como alas de mariposa. Puedes hacerlo sentado o tumbado. Si lo haces sentado, puedes apoyarte en una colchoneta o una esterilla doblada para ayudarte a elongar la columna. Si puedes, inclínate hacia delante para un mayor estiramiento”.

Otra forma estupenda de flexibilizar la cadera y las ingles es la postura del bebé feliz (Ananda Balasana). “Túmbate de espaldas, llévate las rodillas al pecho con las plantas mirando al techo y agarrárrate los pies o los tobillos”, explica Allen.

“Además de abrir la cadera, libera los isquios, la espalda baja y el sacro y es una forma muy divertida de volver a sentirte un niño”.

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